Cuando pides un préstamo, el banco decide con lo que sabe de ti. Si sabe poco, suele protegerse con una tasa más alta, un monto menor o directamente un rechazo. En Argentina, el Banco Central (BCRA) quiere cambiar esa ecuación: prepara un esquema para que las entidades financieras puedan consultar, con tu permiso, los datos que la agencia tributaria ARCA tiene sobre ti y usarlos al evaluar una solicitud de crédito.
El plan forma parte del Sistema de Finanzas Abiertas, una figura que ya existe en la normativa argentina pero que todavía no funciona en la práctica. Esto es lo que se sabe y lo que conviene tener presente.
Qué es el Sistema de Finanzas Abiertas
El sistema fue creado en mayo de 2025 por el Decreto 353/2025. La norma lo define como un mecanismo para que las personas y las empresas, mediante su consentimiento expreso, compartan la información que consideren pertinente con las entidades financieras inscritas en el BCRA. Los fines declarados son tres: desarrollar el crédito, aumentar la competencia y ampliar la inclusión financiera.
El mismo decreto designa al Banco Central como autoridad de aplicación y le encarga definir los parámetros, estándares y requisitos que deberán cumplir tanto los organismos del Estado como las entidades que participen.
En su documento de objetivos y planes para 2026, el BCRA informó que durante 2025 se reunió con las cámaras de bancos y de proveedores de servicios de pago para definir los principales casos de uso y los aspectos técnicos del intercambio de información, y que en 2026 seguiría avanzando con grupos técnicos encargados de diseñar la infraestructura necesaria.
El primer paso: la información de ARCA
La novedad es por dónde se va a empezar. En un encuentro del sector de medios de pago celebrado en octubre, Pedro Inchauspe, director del Banco Central, adelantó que el primer caso de uso será con datos de ARCA. Por eso describió el arranque como más cercano a los «datos abiertos» que a las finanzas abiertas propiamente dichas: en esta etapa, la información no saldría de otros bancos, sino de un organismo público. Según anticipó, se comenzará con una prueba piloto y la expectativa es que el sistema gane escala a partir de 2027.
La utilidad de esos datos para quien pide un crédito es fácil de entender. Hoy muchas entidades califican casi exclusivamente con el informe de un buró de crédito, que muestra cómo pagaste tus deudas pero dice poco sobre cuánto ganas. Los registros fiscales pueden completar la imagen: mostrar, por ejemplo, que una persona con un empleo no registrado también tiene ingresos declarados como trabajadora independiente.
El funcionario explicó además que el trabajo se concentra en dos piezas de base, la autenticación y el consentimiento, y que una vez definidas y estandarizadas se replicarán con otros organismos. También anticipó la lógica general: un grupo de entidades estará obligado a participar y el resto podrá sumarse de forma voluntaria.
Sin tu autorización, no hay datos
El punto central para el usuario es el consentimiento. El decreto habla de consentimiento expreso y de la información que cada persona considere pertinente compartir. Dicho de otro modo:
- La decisión es tuya. Si no autorizas, la entidad no puede acceder a esos datos por esta vía.
- Autorizar no equivale a obtener el crédito. Más información permite una evaluación más precisa, y esa precisión puede jugar a favor o en contra según lo que muestren tus registros.
- Faltan definiciones. Todavía no se publicaron las reglas operativas: cómo se pedirá el permiso, por cuánto tiempo valdrá, cómo se revocará ni qué entidades estarán obligadas.
Mientras esas reglas no existan, desconfía de cualquier mensaje, llamada o sitio web que te pida tu clave fiscal o tus datos tributarios «para mejorar tu calificación».
Quiénes podrían beneficiarse
El perfil que más tiene para ganar es el de quien cumple con sus obligaciones pero resulta poco visible para el sistema financiero: trabajadores independientes, personas con ingresos de varias fuentes o quienes nunca tuvieron un préstamo y, por lo tanto, carecen de historial.
Nadie debería esperar, en cambio, una baja automática de tasas: el costo del crédito depende también de la inflación, de la política monetaria y del riesgo de cada operación.
Una tendencia que no es solo argentina
Si vives en otro país, la idea de fondo también te sirve. Las finanzas abiertas parten de un principio que varios reguladores están adoptando: los datos financieros pertenecen a la persona, no a la institución que los guarda, y es ella quien decide con quién compartirlos. Brasil y el Reino Unido, que el director del BCRA citó como experiencias de las que aprender, llevan años aplicando modelos de este tipo.
La lección práctica es la misma en cualquier lugar: tu información ordenada es un activo. Mantener al día tus declaraciones y conservar comprobantes de ingresos mejora tu posición frente a cualquier entidad.
Qué puedes hacer mientras tanto
El proyecto está en una fase inicial y sus efectos concretos tardarán en llegar. Hasta entonces, lo sensato es ocuparte de lo que ya depende de ti: verificar que tus datos fiscales y crediticios sean correctos, comparar ofertas de más de una entidad antes de endeudarte y, cuando el sistema esté disponible, leer con atención qué información autorizas compartir y con quién. La última palabra sobre tu información debe seguir siendo tuya.
