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Bola de nieve o avalancha: cómo elegir el orden para pagar tus deudas

Cuando debes en varios frentes a la vez —dos tarjetas, un préstamo personal, una compra a plazos—, lo difícil no es solo reunir el dinero, sino decidir a cuál destinar el dinero que te sobra cada mes. Repartirlo un poco en cada deuda da la sensación de avanzar, pero suele alargar el proceso. Los métodos de la bola de nieve y de la avalancha resuelven ese problema con una regla sencilla: concentrar el esfuerzo en una sola deuda por vez. Se diferencian únicamente en cuál eliges primero.

La base común de los dos métodos

Antes de elegir, los dos planes empiezan igual:

  1. Haz una lista de todas tus deudas con tres datos: saldo pendiente, tasa de interés y pago mínimo mensual.
  2. Paga siempre el mínimo de todas. Ningún método funciona si te atrasas en alguna, porque los recargos y los intereses de mora anulan lo ganado y dañan tu historial crediticio.
  3. Define cuánto dinero adicional puedes aportar cada mes por encima de los mínimos. Esa suma extra es la que hace el trabajo.
  4. Dirige todo el extra a una sola deuda. Cuando la termines, suma lo que pagabas por ella (mínimo más extra) al pago de la siguiente.

Ese último paso es el que da nombre a ambos métodos: el monto que destinas a la deuda elegida crece cada vez que cierras una, como una bola que rueda cuesta abajo.

Bola de nieve: de la deuda más pequeña a la más grande

En este método ordenas las deudas por saldo, de menor a mayor, sin mirar la tasa de interés. Atacas primero la más chica.

Su ventaja es psicológica. Liquidar una deuda completa en pocos meses produce un resultado visible: una cuenta menos, un vencimiento menos que recordar. Ese logro temprano ayuda a mantener la constancia, que es lo que más falla en los planes de pago largos.

Su desventaja es el costo. Si tu deuda más cara es también una de las más grandes, seguirá generando intereses altos mientras te ocupas de las pequeñas.

Avalancha: de la tasa más alta a la más baja

Aquí el orden lo marca la tasa de interés. El dinero extra va primero a la deuda más cara —con frecuencia, una tarjeta de crédito—, sin importar su tamaño.

Su ventaja es matemática: al eliminar antes lo que más intereses genera, pagas menos en total y, con el mismo aporte mensual, sueles terminar antes.

Su desventaja es la paciencia que exige. Si la deuda más cara es grande, pueden pasar muchos meses hasta que veas desaparecer la primera cuenta, y es más fácil desanimarse.

Un ejemplo para ver la diferencia

Imagina tres deudas, en la moneda que quieras:

  • Una tarjeta con saldo de 4.000 y una tasa anual del 60%.
  • Un préstamo personal con saldo de 2.500 y una tasa del 35%.
  • Una compra a plazos con saldo de 600 y una tasa del 20%.

Con la bola de nieve empezarías por la compra a plazos de 600: en poco tiempo estaría cancelada y sumarías su cuota al pago del préstamo, y luego todo a la tarjeta. Con la avalancha empezarías por la tarjeta, que es la que más intereses acumula cada mes, y dejarías la compra a plazos para el final.

En este caso la avalancha ahorra más dinero, porque la deuda más grande es también la más cara. Si la deuda más pequeña fuera a la vez la de mayor tasa, los dos métodos coincidirían en el primer paso.

Cuál te conviene

No hay una respuesta única; depende de tus números y de cómo te organizas mejor.

  • La avalancha suele encajar mejor si hay mucha diferencia entre las tasas de tus deudas y eres disciplinado con un plan aunque los resultados tarden en verse.
  • La bola de nieve suele encajar mejor si tienes varias deudas pequeñas, tasas parecidas entre sí o ya abandonaste otros planes por falta de motivación.
  • También puedes combinarlos: cerrar primero una o dos deudas muy pequeñas para simplificar tus cuentas y pasar después al orden por tasa.

El mejor método es el que vas a sostener hasta el final. Un plan óptimo en el papel que abandonas al tercer mes cuesta más que uno menos eficiente que sí cumples.

Lo que ningún método resuelve por sí solo

Ordenar los pagos sirve cuando tu presupuesto alcanza para los mínimos y deja algo de margen. Ten en cuenta estos límites:

  • No sumes deuda nueva mientras pagas. Si sigues usando la tarjeta que intentas liquidar, el saldo no baja.
  • Conserva una pequeña reserva para imprevistos. Sin ella, cualquier gasto inesperado volverá a la tarjeta. El portal de educación financiera del Banco de España y la CNMV explica por qué en su sección sobre cómo gestionar las deudas.
  • Si no llegas a cubrir los mínimos, el problema ya no es de orden. Habla con tus acreedores antes de atrasarte para explorar una reestructuración o un plan de pagos, y busca orientación en el organismo de protección al usuario financiero de tu país.
  • Desconfía de quien prometa eliminar tus deudas a cambio de un pago por adelantado.

Empieza por la lista

Bola de nieve y avalancha son dos caminos hacia el mismo destino. Uno prioriza la motivación y el otro el ahorro en intereses, y ambos superan con claridad a la alternativa de pagar sin criterio. El primer paso es idéntico y puedes darlo hoy: escribir todas tus deudas con su saldo, su tasa y su pago mínimo. Con esa lista delante, elegir el orden suele ser mucho más fácil de lo que parecía.