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Ser aval o codeudor de un préstamo: lo que arriesgas al firmar

Un familiar necesita un préstamo, el banco le pide una garantía y te pregunta si puedes «firmarle». Suena a un simple trámite, casi a un gesto de confianza. En realidad, es una de las decisiones financieras más serias que puedes tomar, porque desde ese momento la deuda de otra persona también puede ser tuya. Antes de aceptar, conviene que sepas con precisión qué estás firmando.

Aval, fiador y codeudor: nombres distintos, una misma idea

Los términos y sus efectos legales cambian de un país a otro, pero todos describen lo mismo: una persona que responde con su dinero y sus bienes por una obligación ajena. A grandes rasgos:

  • Aval o fiador. Garantiza la deuda de otro y debe pagarla si el deudor no lo hace. El Banco de España lo define como un contrato por el que alguien asegura el cumplimiento de una obligación ajena, y advierte en su portal del cliente bancario que el avalista se compromete con todos sus bienes, salvo que se pacten límites.
  • Codeudor o deudor solidario. Firma el crédito junto al titular y queda obligado igual que él. El acreedor puede exigirle el total de la deuda directamente, sin tener que agotar antes el cobro al deudor principal.

En muchas legislaciones, el fiador simple puede pedir que primero se intente cobrar al deudor. Sin embargo, los contratos bancarios suelen incluir la renuncia a ese derecho o establecer una garantía solidaria, de modo que en la práctica la diferencia desaparece. Lo que cuenta no es la palabra con que te lo pidan, sino lo que dice el documento.

A qué te comprometes de verdad

  1. A pagar la deuda completa. No solo una cuota atrasada: el capital pendiente, los intereses, los recargos por mora y los gastos de cobranza, salvo que el contrato limite tu responsabilidad.
  2. A responder con tu patrimonio. Si no pagas, el acreedor puede reclamar judicialmente sobre tus ingresos y tus bienes, dentro de lo que permita la ley de tu país.
  3. A que tu historial quede expuesto. Los atrasos del titular pueden aparecer también en tu reporte de crédito y bajar tu calificación, aunque tú no hayas recibido ni un centavo del préstamo.
  4. A tener menos capacidad de endeudamiento. Cuando solicites un crédito propio, la entidad puede contar esa garantía como una obligación tuya y ofrecerte menos dinero o peores condiciones.
  5. A un compromiso de largo plazo. La garantía dura mientras exista la deuda. No puedes retirarte por decisión propia: hace falta que el acreedor lo acepte, que alguien te sustituya o que el crédito se cancele. Tampoco se extingue por una pelea o una separación.

Preguntas que debes hacer antes de firmar

  • ¿Cuál es el monto total del crédito, el plazo, la tasa y el valor de la cuota?
  • ¿Mi garantía es limitada (a un monto o a un plazo) o cubre toda la deuda y sus accesorios?
  • ¿Renuncio a algún derecho, como el de exigir que primero se cobre al deudor?
  • ¿Me avisarán si el titular se atrasa, o me enteraré cuando la deuda ya esté en cobranza?
  • ¿La garantía se extiende a renovaciones, ampliaciones o refinanciaciones del crédito?
  • ¿Existe un seguro que cubra la deuda en caso de fallecimiento o incapacidad del titular?
  • ¿En qué condiciones podría liberarme de la garantía?

Tienes derecho a que te lo expliquen. En Chile, por ejemplo, el Servicio Nacional del Consumidor recuerda que la ley obliga a las entidades a entregar a quien firma como avalista, fiador o codeudor solidario una ficha explicativa con sus deberes, el monto que tendría que pagar y los medios de cobranza que podrían usarse. Aunque en tu país no exista una norma igual, pide esa información por escrito y llévate el contrato para leerlo con calma.

Si decides aceptar, protégete

Decir que sí puede ser razonable cuando conoces bien la situación de la otra persona y podrías asumir la cuota sin poner en riesgo tu propia economía. En ese caso:

  • Haz la prueba del peor escenario. Pregúntate si podrías pagar tú todas las cuotas restantes. Si la respuesta es no, la decisión ya está tomada.
  • Negocia límites. Intenta que tu garantía se restrinja a un monto o a un período, y que no incluya ampliaciones futuras sin tu firma.
  • Guarda una copia de todo lo que firmes y pide acceso a la información sobre el estado del crédito.
  • Vigila los pagos. Acuerda con el titular que te avise ante cualquier dificultad y revisa tu propio reporte de crédito de vez en cuando.
  • Actúa al primer atraso. Cuanto antes hables con el deudor y con la entidad, más opciones habrá de reorganizar los pagos antes de que crezcan los intereses y los gastos.

También es válido decir que no

Negarte a ser aval no significa desconfiar de alguien; significa reconocer que no puedes cargar con esa deuda si las cosas salen mal. Existen otras formas de ayudar: un préstamo personal de una cantidad que puedas permitirte perder, apoyo para buscar un crédito de menor monto o una garantía distinta.

Recuerda la regla de fondo: si el banco pide un aval, es porque considera que el solicitante, por sí solo, no ofrece suficiente seguridad de pago. Al firmar, ese riesgo pasa a ser tuyo. Hazlo únicamente con toda la información sobre la mesa y sabiendo que, llegado el caso, pagarías tú.